
Los tres niños que pasaron casi la mitad de su vida encerrados en una vivienda de Oviedo convertida en una especie de búnker familiar tratan de adaptarse poco a poco a su nueva realidad. Aunque expertos consultados por La Nueva España coinciden en señalar que la recuperación de las secuelas psicológicas que el largo encierro habría provocado a los menores «será larga», las primeras informaciones sobre su estado desveladas por el Principado de Asturias son esperanzadoras.
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